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Bajo el cielo de Buenos Aires

por | Ene 21, 2020 | Criollismo, Destacadas

Por: Wilmer Vasquez | @gochitoenba

Hoy tengo 28 años de los cuales llevo 4 años en Argentina, voy caminando por la 9 de Julio, veo el obelisco imponente y sobre él, el cielo azul, el mismo cielo que miraba fijamente cuando niño en las horas de recreo en mi escuela en Los Andes venezolanos, cuando los días eran más largos y 150 bolívares para la merienda era una fortuna, esos 150 bolívares que tenía que administrar muy bien para desayunar y dejar algo para el mejor momento del día, el timbre de salida.

Los 150 los distribuía tan bien, que con tan solo 8 años pensaba que mi vida estaría destinada a las finanzas: 60 la empanada de pollo y 40 para el jugo de tamarindo; listo! lo logré me quedan 50 bolívares, era una erudita en finanzas pasaba por mi mente.

Justo a las doce menos quince, el timbre estaba por sonar, por mi mente y papilas gustativas solo pasaban el sabor de los raspados de cola, las tetas de oreo, el mango con sal, la chicha y golfeados. Esos sabores que no pude guardar en una maleta al salir del país y sorprendentemente hoy caminando bajo el mismo cielo pero a muchos kilómetros de distancia puedo volver a sentir.

Quién se imaginaría que las tetas o los besitos de coco se convertirían en marcas, que nos representarían como comunidad en muchos países del mundo, productos hechos con humildad que hoy nos representan y permiten que nuestras nuevas familias y amigos sientas un poco de lo que fue nuestra niñez en aquella Venezuela. Hoy en Buenos Aires caminando por el Subte, por las calles la valle, Florida y san Telmo podemos encontrar esos venezolanos valientes que con esfuerzo y dedicación preparan estos productos.

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