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Carapaz engrandece los Juegos Olímpicos al proclamarse campeón de ciclismo en Fuji

por | Jul 24, 2021 | Criollismo, Deporte

El ciclista, que terminó tercero el Tour, supera en fuga a Van Aert, plata, y Pogacar, bronce, y se convierte en el segundo ecuatoriano que alcanza el oro olímpico tras el marchador Jefferson Pérez.

Su imagen brilla en forma de llama en el estadio olímpico, y el pebetero que la abriga del viento es la ola de Hokusai, pero el monte Fuji, Japón, tiene la cabeza en las nubes cuando Alejandro Valverde dice basta, le pesa la víspera, el miedo al contagio de covid, la tristeza de pasarse el día encerrado a la espera del resultado de una PCR, el cansancio, y el comentarista del circuito lanza un “oh” de pena en japonés que se entiende, y se lamenta. Y aún sigue oculta su cima, en qué pensará el volcán, casi siempre en las nubes la cabeza, cuando Richard Carapaz, del Carchi, Ecuador, de tierra de montañas y volcanes, su amigo y amigo del Cotopaxi, su primo hermano, de tierra de pastos y nubes, se va en su falda hacia la meta. Decidido, siempre decidido, siempre mirando adelante, sin temor ni aprensión. Hermoso. Fuerte, siempre fuerte, más fuerte aún. Más inteligente también que ninguno. Quedan 25 kilómetros. A su alrededor, bosques de árboles viejos, colores de otoño en julio. Le acompaña un tiempo un norteamericano del desierto, de Phoenix, Brandon McNulty, que llega hasta la extenuación tirando en el llano con sus largas piernas y pulmones, y no puede más cuando llega una cuesta, y le deja. Y es, entonces, el Carapaz que ataca hacia el Mont Blanc, otra montaña en las nubes, en Aosta, en el Giro del 19, en mayo, y deja atrás, clavados, a Vincenzo Nibali y a Primoz Roglic, que se vigilan y le temen, y pierden.

Su mejor victoria desde que llegó de rosa a Verona en el Giro de 2019, y después un podio en la Vuelta y otro en el Tour. Un campeón grande para un país que hasta ahora tenía solo en los altares al marchador de Cuenca Jefferson Pérez. Otro deportista de lucha, de resistencia, campeón olímpico en Atlanta 96. “Mi mejor victoria desde el Giro, no”, precisa el campeón. “La mejor de mi vida”.

Los otros favoritos, los sospechosos habituales, los más fuertes del Tour, Tadej Pogacar y Wout van Aert, se marcan, se miran, se temen. Han leído en todas las partes que son imbatibles, y se lo han creído, que sus fuerzas surgen de una fuente inagotable, eterna. Se ven diferentes. Superiores. Han corrido como si lo fueran. Solo piensa uno en el otro.

Pogacar ha atacado loco, como atacó para ganar el Tour, como atacaba en los Alpes, en los Pirineos, y Carapaz no podía responderle, a 38 kilómetros de la meta, subiendo el Mikuni, el pequeño Mortirolo del Fuji, en la zona del 20%, donde más sufre Van Aert. El belga que con todos podía en el Tour se ha recuperado rodeado de los de siempre, de Mollema, de Fuglsang, de Woods, Rigo Urán, Simon Yates. Viejos filibusteros todos. Viejos derrotados.

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