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Venezuela, de tierra de gracia a tierra de desgracia

por | Ene 20, 2020 | Destacadas, Venezuela

Por: Ilych Irausquin

Son numerosas las tragedias que se viven día a día en Venezuela, una tierra bendecida por la naturaleza y envilecida por el hombre, en caso concreto por la clase política gobernante, que en 20 años ha destruido el país.
La falta de agua se suma a las carencias del venezolano de a pie, esto de la mano de los innumerables apagones eléctricos y la falta de mantenimiento por parte de los entes encargados del suministro eléctrico y del vital líquido.

Los sistemas de agua de Caracas fueron diseñados para dar servicio incluso tras un terremoto, pero su abandono provocó que apenas un apagón los colapsara. Una serie de fallas tiene sedientos a millones de venezolanos luego de la emergencia eléctrica. Lo mismo se replica en el interior de país.
Millones continúan sin una gota, debiendo abastecerse en manantiales, alcantarillas e incluso en redes de aguas servidas de Caracas, desafiando el riesgo sanitario. Los más afortunados compran cisternas. “No puedo trabajar porque tengo que surtirme”, protesta Carlos Sosa, Profesor de 43 años, en fila para llenar varios bidones en un pozo a 14 kilómetros de su casa en la capital.

Los expertos señalan graves problemas de mantenimiento, como en Taguaza, un megaembalse que alimenta a Caracas construido en los años 1990, que aun estando lleno durante la crisis no pudo surtir porque las bombas están dañadas.

“No puedo trabajar porque tengo que surtirme”, protesta Carlos Sosa.

También hay que subrayar el caso de la ciudad petrolera de Maracaibo, pionera en el uso de electricidad en Latinoamérica, que soporta con mayor rigor la falta de servicios pues su parque térmico, que la hacía autosuficiente, está parado. “Terminamos con un cementerio de obras inútiles, algunas con sobreprecios”, afirma los expertos, indicando que hoy el país depende de la infraestructura construida hace dos décadas.

Detrás también está la pérdida de capital humano. Gran parte de los técnicos forman parte de los 4,5 millones de venezolanos que migraron desde 2015 por la crisis económica. Otros salieron por la politización de las empresas, se estima en unos 300 millones de dólares la inversión necesaria, en el primer año, para rehabilitar el sistema de agua.

La perspectiva es sombría: Maduro pidió almacenar agua en cuanto recipiente haya, lo que alienta la proliferación de plagas transmisoras de enfermedades tropicales. Un anticipo de que la sequía persistirá.
Mientras, el venezolano sigue ingeniándoselas para no morir de sed en “La tierra de gracia”.

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